Texto 3. Cristiano Ronaldo, Brillo y sombra.
Cristiano Ronaldo tiene en este momento 33 años (cumplidos en febrero) y aunque haya sido una de las estrellas del Mundial de Rusia, muchos dicen que su estrella -fulgente todavía- no puede sino comenzar a declinar. Parece que esa es asimismo la opinión, secreta o no tanto ya, de quien ha sido su gran valedor en el Real Madrid, Florentino Pérez. Pero no debe olvidarse en ningún momento que Pérez (además de aficionado al fútbol y presidente de su club) es ante todo un muy artero y hábil hombre de negocios. Sabe que ahora gritarán contra él si se deshace de Ronaldo -ya está en la vieja “Juve” turinesa- pero que acaso en dos años apenas, lo atruenen de aplausos. En esos tejados anda la pelota.
Yo, aunque hijo de verdaderos forofos del Real Madrid, no amo el fútbol. Pero he visto (veo) a Cristiano. Vanidoso, guapo, jugador bueno que lo ha ganado todo y un poco más, a pocos jugadores les dolerá tanto dejar los lauros del campo, como al dulce y feroz Narciso Ronaldo. Que Cristiano se adora a sí mismo no es un secreto para nadie. Él ha construido incluso, en buena manera, su imagen física. Si uno busca imágenes de atrás (que al Cristiano de hoy deben gustarle muy poco) se encontrará en 1998, en Lisboa, a un jovencito lindo o no de Funchal -la capital de la isla de Madeira- con una boca horrible de dientes deteriorados, apenas adolescente, y cierto problemilla cardíaco que el club lisboeta le solucionó, con permiso de la madre. Para los dientes acudieron a la ortodoncia -también hay fotos- pero eso distaba mucho del Ronaldo actual, sin duda (como tantos astros y estrellas) con los mejores implantes del mundo. Y dicen que no pocas cirugías. El chico mono, pobre y corrientito que era Cristiano (promesa del balompié) estalla cuando en 2002 -al filo de los 18 años- debuta en Inglaterra con los “diablos rojos” del Manchester United. De ahí sólo lo sacarán, para gloria del Real Madrid (sin duda los años mejores de Cristiano) los millones de Florentino.
Y es que el coqueto y bello Ronaldo (mucha publicidad de moda, luciendo cuerpo depilado con láser) nada en millones de euros. No es exagerado decir que ni debe saber lo que tiene, si sólo por su ficha en el Real -publicidades aparte- ha cobrado 21 millones de euros cada año. ¡Santo Cielo! ¿Es posible semejante barbaridad que todo lo abaja en este maltrecho mundo? Cierto que no es el único, pero algo parecido a la vergüenza me escuece al mirar ese despilfarro injusto, que un público que se queja de otras cosas menores, en el fútbol paga, aplaude o pita y chitón. ¡Qué pena!
Nacido pobre en Funchal en 1985, ahora Cristiano (tendrá casas por todas partes) es un lingote de oro. En 2014 el gobierno de Portugal, orgulloso de su compatriota, le hizo Gran Oficial de la Orden del Infante Don Enrique, uno de los máximos honores estatales de nuestros vecinos, orden que premia o enaltece la difusión por el mundo de los “valores humanos, culturales e históricos” de Portugal. Claro que con Cristiano se ha hablado más de Portugal, no hay duda, pero ¿historia, cultura, valores cívicos? Eso lo dudo algo más, con toda admiración por este joven atractivo que se ha levantado a sí propio. Dicen (supongo que un chiste) que Ronaldo comenta: “La humildad me persigue… pero yo soy más rápido.” Otra réplica del Narciso en su opinión. Gran futbolista, para muchos deslumbrante. Brillo y sombras de una contemporaneidad tremendamente injusta, a Cristiano le pusieron hace un par de años dos millones de euros de multa. No defrauda él, por Dios, defraudan sus administradores. Él vive más alto. Pagó y a otra cosa, mariposa. No hubo nada. Caída, es obvio, no puede haberla, será rico toda su vida, pero el día en que le falten los rugidores estadios, ahí sí, habrá más que nostalgia y el ídolo que se va, incluso puede soltar una lagrimita. Una perla, evidentemente. Cristiano…
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